Luis Josué Lugo
La siguiente columna realiza una crítica al discurso de progreso y desarrollo, adscritos a “la Sociedad del conocimiento”, enfatizando las fallas que ésta posee, incluida su subordinación a centros capitalistas y la brecha digital imperante en todo el mundo. Cabe aclarar que en las siguientes líneas no se incluyen los beneficios funcionales de la “sociedad red”, no porque carezcan de importancia, sino porque ya se han abordado en múltiples ocasiones.La sociedad de la información se adscribe al modelo Capitalista, -en especial al Neoliberalismo-, a la globalización y al dominio del Estado mínimo por encima del estado de bienestar, preñando las consciencias de los individuos con ideas, valores y modos de vida impuestos a través de los medios de comunicación y la consecuente agenda setting. Esto evidencia el carácter político que posee la también llamada “sociedad del Conocimiento”.
En esta sociedad, la información cobra un papel muy importante, pues delimita todas las actividades, convirtiéndose en fuente de riqueza, control, dominio y revalorización de signos… sin poderse ocultar, que su producción se gesta casi siempre desde países primer mundistas (distribuida a posteriori para las periferias). Si bien, conecta distintas partes del mundo, lo hace de forma desigual, tanto por el acceso y por el tipo de contenidos que se ofrecen.
La sociedad del conocimiento aterriza en nuestro mundo cuando aparece “el fin de las ideologías”, como un motor y una meta de los países del centro capitalista. Así mismo, permite legitimar al Neoliberalismo y la idea del libre mercado.
Pensar que todo el mundo se encuentra teledirigido, significa la pérdida de la consciencia crítica y escrutadora, ya que, como menciona la investigadora Delia Crovi Druetta, existe una brecha digital “tecnológica, de conocimiento y de participación”, que parece achicarse debido a la extensión de la sociedad de la información.
Aunque esto es relativo, pues en los países “subdesarrollados”, el conocimiento y la educación para usar dicha red es insuficiente, además de que existen zonas del planeta (como África y sierras de nuestro país) que ni siquiera tienen para comer, baste considerar que en México, según el investigador Julio Boltvinik, 80 millones de personas se encuentran en la pobreza.
Si bien, la revolución informacional permite que cada vez más gente tenga acceso a internet y a las TIC mediante la intromisión de equipos vía inversión privada, también es cierto que estas trasnacionales no dicen de qué forma se pueden usar en beneficio del desarrollo de la inteligencia colectiva. En tanto, la solución versa en esfuerzos conjuntos, tanto del gobierno y la inversión privada, partiendo de la educación y la infraestructura necesaria, hasta llegar a iniciativas mixtas. ¿Y el lector de este artículo (y también el autor), qué puede hacer? Puede colaborar ayudando a personas que no sepan usar las “nuevas tecnologías”, para disminuir el índice de analfabetos tecnológicos.
Se muestra como necesario poner la tecnología al servicio del hombre y de la colectividad, sin caer en una visión tecnocrática que soslaye el análisis cualitativo y el pensamiento socio político. Se requieren personas que sepan controlar a las máquinas, no máquinas que sepan controlar a las personas. Como precisa Crovi Druetta: “Hacer que del uso de las herramientas de la convergencia tecnológica se conviertan en conocimiento y en instrumentos de participación social”.
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